lunes, junio 28, 2004
EL ORIGEN DEL MAL
(Pk yo skribo asín, komo alokado...)
Aún no era demasiado tarde. Bueno, puede que el tener a una muchedumbre intentando echar abajo la puerta de tu castillo al grito de “¡matad al monstruo, matad al monstruo!” o “¡Iñaki Sáez, vete a tu pueblo!” (sí, éste era el despistado que se cuela en toda muchedumbre), te haga ir algo más justillo de tiempo, pero aún no era demasiado tarde. El Doctor Kalamarën recorría la interminable escalinata que conducía hasta su laboratorio, consciente de que aquella era su primera y última oportunidad. No me pregunten el porqué, pero todo castillo en el que habite un científico loco que se precie de serlo tiene que tener una interminable escalinata (que digo yo que, si tan científico es, podía ponerse un ascensor, que al fin y al cabo el castillo es suyo y no le va a venir el vecino del primero con aquello de que “es que esto es mucha obra y mucho follón, eto é mucho follón”)
El primer trueno (siii, trueno terroriiifico a la par que fantasmagooorico) retumbó sobre la torre del laboratorio cuando el Doctor abrió la puerta apresuradamente y se precipitó en su interior (por cierto, la puerta siempre se abre con un ñiiiiiiiiegg, demostrando que el científico loco de tipo medio no se preocupa ni por los ascensores ni por el tres en uno, que bastante tiene con coser media rana a medio caballo y que la cosa no acabe en un festín de moscas y coces). El pequeño Aigor (en realidad se llamaba Igor, pero es que el muchacho salió muy fonético) aguardaba la llegada de su señor junto a la mesa de metal en la que una sábana blanca cubría el cuerpo de La Criatura. Lo que ya no aguardaba era que su señor trastabillase, realizase volatín y medio en el aire y en el aterrizaje de emergencia se llevase por delante todos los inventos locos de la sección torturas, acongojador incluido (el funcionamiento del acongojador era muy sencillo: o te acongojabas y cantabas cual pajarito silvestre, o te apretaba los congojos mu fuedte mu fuedte). Aigor se limitó a escribir un “2,5 points” en una cartulina blanca y enseñarla a la cámara.
-Agggggg....aggggggg...A...Aigor...agggg
-Ehm...¿Sí, señor?
-Agggggg..agggggrfshgsgfrsg ...
-Ehm...no entiendo, señor.
-Aggrfshhhgsgsgsgsgssss...
-Ah, comprendo, señor.
Aigor desatornilló el acongojador. El grito que acompañó a la maniobra hizo que abajo, de entre la muchedumbre enloquecida, a más de uno le dieran ganas de ir a buscar un rollo de papel higiénico. De doble capa.
-Bueno, parece que todo sigue en su sitio...más o menos...Estoo...¡Debemos actuar rápido, Aigor! ¡La tormenta arrecia!
-Ehm....y las guadañas, las antorchas y la multitud encolerizada, señor.
-...Bueno, eso también. ¡Yo abriré las compuertas de la torre, tú enciende el turborreactor de fotones!
-Ehm...sí, señor.
-¡Ahora gradúa el acelerador profototovoltaico!
-Ehm...sí, señor.
-¡Perfecto! ¡Ahora sincroniza los atomizadores fisiomoleculares en cuatro girovoltios, rápido!
-Ehm...esto...señor...
-¿Sí?
-Ehm...¿Es demasiado tarde para decirle que no tengo ni puñetera idea de lo que me está hablando, señor?
-...Pues...la verdá es que...¡Que le des candela, coño!
-Aaaaaah, entendido, señor.
Aigor pulsó algunos botones, accionó algunas palancas, tiró de algunas poleas (vamos, lo que se suele hacer en estos casos para cumplir el expediente), colocó el casco recibedescargas en la cocorota de La Criatura, y puso la mesa en posición vertical, orientada hacia los nubarrones que asomaban por encima de la compuerta abierta de la torre.
-¡Todo está preparado, listo, presto y dispuesto! ¡Ahora sólo queda atraer un rayo para que caiga encima del casco y yo, el Doctor Kalamarën, me convertiré en el genio más grande de la historia! Bwhahahahaaha (tm) ¡Aigor, coloca el transmisor de electricidad interespacial sobre el casco!
-Ehm...¿se refiere a la patata envuelta en papel de plata, señor?
-...Sí, Aigor, me refiero a la patata envuelta en papel de plata...grfsgsfsfs.
-Ehm...verá, señor, es que me la comí.
-...Qué...qué has dicho...¿¿¿QUE HAS DICHOOOOO???
Y en ese momento, justo cuándo el Doctor se disponía a averiguar si sus dos manos abarcaban la totalidad del cuello de Aigor, un rayo entró por la compuerta cayendo sobre el casco recibedescargas, que para eso se llamaba así. No se extrañen, oigan; al fin y al cabo, en estas historias siempre cae un rayo, o sale la luna llena, o al vampiro le da por despertarse y poner cara de “uy, tienes un cuello jugoso, ohh que erró” justo cuando abres la tapa de su féretro. El caso es que las chispas de la descarga chisporrotearon ( es que son muy poco originales, sabeusté) a lo largo del cuerpo de La Criatura, espasmándose (he dicho espasmándose, con ESE, copón) toda. Luego, el laboratorio quedó sumido en el silencio (siempre hay un silencio en un momento u otro, sólo roto por una musiquita de violín que se empeña en ponernos tensos, la muy joía). El Doctor se acercó lentamente a La Criatura, que permanecía inmóvil en la mesa. ¿Acaso había fracasado? ¿Él, el Doctor Kalamarën? Se disponía a asumir el fracaso como lo haría cualquier seguidor de la selección apañola, es decir, pataleando y quejándose de robo arbitral, cuando la mano de la Criatura se movió. Fue un movimiento suave, casi inapreciable, pero la cara de nohemosllegaoniacuartos del Doctor se transformó en una sonrisa de científico loco ( ya saben como son esas sonrisas...pues piensen en un científico loco riendo, copón ya) Alzó los brazos en señal de júbilo, y gritó:
-¡Está vivo!....¡ESTÁ VIVO! (Otro que siempre había soñado con decir esto, sí)
-Ehm....ya lo veo, señor. No hace falta que grite, señor.
-...Eres experto en joder momentos de gloria, ¿me equivoco?
En ese momento, la muchedumbre encolerizada, enloquecida, con ganas de sangre (y vayan ustedes a saber cuántas cosas más caben en una muchedumbre) irrumpió en el laboratorio. Como si la hubiese estado esperando, La Criatura se incorporó (aunque el Doctor tenía preparado un gato de emergencia, no vaya ser que le diese por no incorporarse) Y es que mucha multitud, mucha multitud, pero siempre llegan tarde. Los gritos de la muchedumbre cesaron al instante. Tan sólo un “Raúl, vete al banquillo”, sonaba al fondo.
El Doctor los miró, se despeinó su mata de pelo blanco hasta conseguir un estilo deosenelenchufe, se desabrochó un poco la bata, se desorbitó los ojos un pelín, y agitando los brazos en la mejor tradición gospel, gritó (porque lo científicos locos gritan mucho, lo que les hace incompatibles con el concepto de “experimento megaultrasecreto”)
-¡Bwhahahahahaah (tm)! ¡Pobres desgraciados, queríais acabar con mi sueño, pero mi sueño os ha vencido! ¡Observad la maravilla de la creación, la vida después de la muerte, la nueva era que se avec....¿eh? ¿Pero qué.....?
El Doctor bajó la vista. Ahí estaba Aigor, tirando de su bata blanca con la mano.
-¿Se puede saber qué leches te pasa ahora?¿¡NO VES QUE ESTOY SOLTANDO EL DISCURSO APOTEOSICO, GAÑAN¡?
-Ehm....quiero mi gallif....digoo, se me olvidó decirle una cosa, señor.
-¿QUÉ?
-Ehm...que La Criatura no tiene cerebro.
-...Co...¿cómo?...Pero ...qué diablos dices...¡PERO QUE DIABLOS DICES! Pero cómo no va a tener...te di...dije que lo colocaras...aaay mi madre...se puede saber...qué... has hecho con el cerebro...
-Ehm...me lo comí, señor.
-...¿¡CÓMO¡?
-Ehm...me lo comí, señor. Me entró hambre, y me hice una tortillita de sesos, señor. Usé la patata como guarnición, señor. Muy rico, señor.
-...¿¡COMO!?
-Ehm...pues verá, señor, se baten los huevos y se ponen en la sartén. Entonces...
-...¡CALLATEEEEEEE!...cállate...mi obra...arruinada por un tragaldabas...¿SE PUEDE SABER QUE LE HAS PUESTO ENTONCES EN LA CABEZA?
La Criatura abrió la boca. Todos enmudecieron mientras tomaba aire. Y habló:
- Pues a mi lo k menos me gusta d ls tios es k se rasken los huevos delante de kien sea sin +.y ke se lleven de nosotras algo tan grande k no cuesta tanto dar y luego no lo valoren..bss a todas
Un trueno sonó a lo lejos. A ver, el que ha preguntado si era terrorífico y fantasmagórico, expulsado de una puñetera vez.
El Doctor, con el rostro tan desencajado como una mala partida de tetris, miró de nuevo a Aigor. Esperaba una respuesta.
-Ehm...bueno, señor. Llené el cráneo con recortes de la Superpop, la Vale, la You, y la Ragazza, señor. Relleno, señor.
Y entonces, el Doctor Kalamarën supo dos cosas. Que había creado un monstruo, y que ya no se llamaba La Criatura. Ahora era...La Kriatura... (Aquí suenan unas trompetas tipo chan chan channn, pero el presupuesto no llega. Así que hale, hagan el ruidito en sus casas y déjenme en paz)
Y lo peor de todo, es que el experimento fue un puto éxito. Copón.
|
(Pk yo skribo asín, komo alokado...)
Aún no era demasiado tarde. Bueno, puede que el tener a una muchedumbre intentando echar abajo la puerta de tu castillo al grito de “¡matad al monstruo, matad al monstruo!” o “¡Iñaki Sáez, vete a tu pueblo!” (sí, éste era el despistado que se cuela en toda muchedumbre), te haga ir algo más justillo de tiempo, pero aún no era demasiado tarde. El Doctor Kalamarën recorría la interminable escalinata que conducía hasta su laboratorio, consciente de que aquella era su primera y última oportunidad. No me pregunten el porqué, pero todo castillo en el que habite un científico loco que se precie de serlo tiene que tener una interminable escalinata (que digo yo que, si tan científico es, podía ponerse un ascensor, que al fin y al cabo el castillo es suyo y no le va a venir el vecino del primero con aquello de que “es que esto es mucha obra y mucho follón, eto é mucho follón”)
El primer trueno (siii, trueno terroriiifico a la par que fantasmagooorico) retumbó sobre la torre del laboratorio cuando el Doctor abrió la puerta apresuradamente y se precipitó en su interior (por cierto, la puerta siempre se abre con un ñiiiiiiiiegg, demostrando que el científico loco de tipo medio no se preocupa ni por los ascensores ni por el tres en uno, que bastante tiene con coser media rana a medio caballo y que la cosa no acabe en un festín de moscas y coces). El pequeño Aigor (en realidad se llamaba Igor, pero es que el muchacho salió muy fonético) aguardaba la llegada de su señor junto a la mesa de metal en la que una sábana blanca cubría el cuerpo de La Criatura. Lo que ya no aguardaba era que su señor trastabillase, realizase volatín y medio en el aire y en el aterrizaje de emergencia se llevase por delante todos los inventos locos de la sección torturas, acongojador incluido (el funcionamiento del acongojador era muy sencillo: o te acongojabas y cantabas cual pajarito silvestre, o te apretaba los congojos mu fuedte mu fuedte). Aigor se limitó a escribir un “2,5 points” en una cartulina blanca y enseñarla a la cámara.
-Agggggg....aggggggg...A...Aigor...agggg
-Ehm...¿Sí, señor?
-Agggggg..agggggrfshgsgfrsg ...
-Ehm...no entiendo, señor.
-Aggrfshhhgsgsgsgsgssss...
-Ah, comprendo, señor.
Aigor desatornilló el acongojador. El grito que acompañó a la maniobra hizo que abajo, de entre la muchedumbre enloquecida, a más de uno le dieran ganas de ir a buscar un rollo de papel higiénico. De doble capa.
-Bueno, parece que todo sigue en su sitio...más o menos...Estoo...¡Debemos actuar rápido, Aigor! ¡La tormenta arrecia!
-Ehm....y las guadañas, las antorchas y la multitud encolerizada, señor.
-...Bueno, eso también. ¡Yo abriré las compuertas de la torre, tú enciende el turborreactor de fotones!
-Ehm...sí, señor.
-¡Ahora gradúa el acelerador profototovoltaico!
-Ehm...sí, señor.
-¡Perfecto! ¡Ahora sincroniza los atomizadores fisiomoleculares en cuatro girovoltios, rápido!
-Ehm...esto...señor...
-¿Sí?
-Ehm...¿Es demasiado tarde para decirle que no tengo ni puñetera idea de lo que me está hablando, señor?
-...Pues...la verdá es que...¡Que le des candela, coño!
-Aaaaaah, entendido, señor.
Aigor pulsó algunos botones, accionó algunas palancas, tiró de algunas poleas (vamos, lo que se suele hacer en estos casos para cumplir el expediente), colocó el casco recibedescargas en la cocorota de La Criatura, y puso la mesa en posición vertical, orientada hacia los nubarrones que asomaban por encima de la compuerta abierta de la torre.
-¡Todo está preparado, listo, presto y dispuesto! ¡Ahora sólo queda atraer un rayo para que caiga encima del casco y yo, el Doctor Kalamarën, me convertiré en el genio más grande de la historia! Bwhahahahaaha (tm) ¡Aigor, coloca el transmisor de electricidad interespacial sobre el casco!
-Ehm...¿se refiere a la patata envuelta en papel de plata, señor?
-...Sí, Aigor, me refiero a la patata envuelta en papel de plata...grfsgsfsfs.
-Ehm...verá, señor, es que me la comí.
-...Qué...qué has dicho...¿¿¿QUE HAS DICHOOOOO???
Y en ese momento, justo cuándo el Doctor se disponía a averiguar si sus dos manos abarcaban la totalidad del cuello de Aigor, un rayo entró por la compuerta cayendo sobre el casco recibedescargas, que para eso se llamaba así. No se extrañen, oigan; al fin y al cabo, en estas historias siempre cae un rayo, o sale la luna llena, o al vampiro le da por despertarse y poner cara de “uy, tienes un cuello jugoso, ohh que erró” justo cuando abres la tapa de su féretro. El caso es que las chispas de la descarga chisporrotearon ( es que son muy poco originales, sabeusté) a lo largo del cuerpo de La Criatura, espasmándose (he dicho espasmándose, con ESE, copón) toda. Luego, el laboratorio quedó sumido en el silencio (siempre hay un silencio en un momento u otro, sólo roto por una musiquita de violín que se empeña en ponernos tensos, la muy joía). El Doctor se acercó lentamente a La Criatura, que permanecía inmóvil en la mesa. ¿Acaso había fracasado? ¿Él, el Doctor Kalamarën? Se disponía a asumir el fracaso como lo haría cualquier seguidor de la selección apañola, es decir, pataleando y quejándose de robo arbitral, cuando la mano de la Criatura se movió. Fue un movimiento suave, casi inapreciable, pero la cara de nohemosllegaoniacuartos del Doctor se transformó en una sonrisa de científico loco ( ya saben como son esas sonrisas...pues piensen en un científico loco riendo, copón ya) Alzó los brazos en señal de júbilo, y gritó:
-¡Está vivo!....¡ESTÁ VIVO! (Otro que siempre había soñado con decir esto, sí)
-Ehm....ya lo veo, señor. No hace falta que grite, señor.
-...Eres experto en joder momentos de gloria, ¿me equivoco?
En ese momento, la muchedumbre encolerizada, enloquecida, con ganas de sangre (y vayan ustedes a saber cuántas cosas más caben en una muchedumbre) irrumpió en el laboratorio. Como si la hubiese estado esperando, La Criatura se incorporó (aunque el Doctor tenía preparado un gato de emergencia, no vaya ser que le diese por no incorporarse) Y es que mucha multitud, mucha multitud, pero siempre llegan tarde. Los gritos de la muchedumbre cesaron al instante. Tan sólo un “Raúl, vete al banquillo”, sonaba al fondo.
El Doctor los miró, se despeinó su mata de pelo blanco hasta conseguir un estilo deosenelenchufe, se desabrochó un poco la bata, se desorbitó los ojos un pelín, y agitando los brazos en la mejor tradición gospel, gritó (porque lo científicos locos gritan mucho, lo que les hace incompatibles con el concepto de “experimento megaultrasecreto”)
-¡Bwhahahahahaah (tm)! ¡Pobres desgraciados, queríais acabar con mi sueño, pero mi sueño os ha vencido! ¡Observad la maravilla de la creación, la vida después de la muerte, la nueva era que se avec....¿eh? ¿Pero qué.....?
El Doctor bajó la vista. Ahí estaba Aigor, tirando de su bata blanca con la mano.
-¿Se puede saber qué leches te pasa ahora?¿¡NO VES QUE ESTOY SOLTANDO EL DISCURSO APOTEOSICO, GAÑAN¡?
-Ehm....quiero mi gallif....digoo, se me olvidó decirle una cosa, señor.
-¿QUÉ?
-Ehm...que La Criatura no tiene cerebro.
-...Co...¿cómo?...Pero ...qué diablos dices...¡PERO QUE DIABLOS DICES! Pero cómo no va a tener...te di...dije que lo colocaras...aaay mi madre...se puede saber...qué... has hecho con el cerebro...
-Ehm...me lo comí, señor.
-...¿¡CÓMO¡?
-Ehm...me lo comí, señor. Me entró hambre, y me hice una tortillita de sesos, señor. Usé la patata como guarnición, señor. Muy rico, señor.
-...¿¡COMO!?
-Ehm...pues verá, señor, se baten los huevos y se ponen en la sartén. Entonces...
-...¡CALLATEEEEEEE!...cállate...mi obra...arruinada por un tragaldabas...¿SE PUEDE SABER QUE LE HAS PUESTO ENTONCES EN LA CABEZA?
La Criatura abrió la boca. Todos enmudecieron mientras tomaba aire. Y habló:
- Pues a mi lo k menos me gusta d ls tios es k se rasken los huevos delante de kien sea sin +.y ke se lleven de nosotras algo tan grande k no cuesta tanto dar y luego no lo valoren..bss a todas
Un trueno sonó a lo lejos. A ver, el que ha preguntado si era terrorífico y fantasmagórico, expulsado de una puñetera vez.
El Doctor, con el rostro tan desencajado como una mala partida de tetris, miró de nuevo a Aigor. Esperaba una respuesta.
-Ehm...bueno, señor. Llené el cráneo con recortes de la Superpop, la Vale, la You, y la Ragazza, señor. Relleno, señor.
Y entonces, el Doctor Kalamarën supo dos cosas. Que había creado un monstruo, y que ya no se llamaba La Criatura. Ahora era...La Kriatura... (Aquí suenan unas trompetas tipo chan chan channn, pero el presupuesto no llega. Así que hale, hagan el ruidito en sus casas y déjenme en paz)
Y lo peor de todo, es que el experimento fue un puto éxito. Copón.
miércoles, junio 16, 2004
UNA HISTORIA DE TERRÓ
Si alguno de ustedes tuviese la oportunidad de escribir una novela de horró y terró, ¿se han preguntado cuál sería el inicio de la misma, eing? Para algunos sería algo así como “La publicación de las notas de la oposición se retrasaba una y otra vez”; para otros, puede que fuese “La precipitación en forma de barro había dejado su recién adquirido coche hecho unos zorros”; incluso un “-Oye, ¿os sabéis el chiste de las ranas mamadoras?” funcionaría para algunas. Ejem. Lo cierto es que yo me debato entre“-¿Os sabéis el chiste de Batman y Robin?”, el legendario “Era de noche y sin embargo, llovía”, y éste:
“Meeeeeec!
-¿Sí?
-Hola, yo venía por lo del empaste...”
Vaya por delante porque corre más que yo, que a servidor no le da una especial angustia ir al dentista (bueno, al pagar sí bwhahahah). Pero, al igual que a la inmensa mayoría de los mortales (excepto aquéllos a los que les gusta untarse el cuerpo con miel y empezar a dar golpecitos a una colmena repleta de abejas asesinas con ganas de hacer honor a su nombre) no le hace una especial ilusión. Se han vertido ríos y ríos de tinta sobre la función socializadora de los dentistas. Lamentablemente, eran de tinta invisible. Pero lo cierto es que la existencia de tal función es indudable, contribuyendo a ampliar nuestro abanico de relaciones sociales con conversaciones de nivel tales como:
-Pues esta tarde voy al dentista.
-¡Hostias, el dentista! Uf, no veas la angustia angustiosa que me entra cuando tengo que ir...
-Pues ya te digo, angustia totá. Ahí cuando empieza a hurgarte...
-Uy calla calla callaaaaaaaaaa!...Calla.
-Ya...Bueno, pues nada.
-Sí... ¿Empieza a hacer calor, no?
-Parece que aprieta, sí.
-Sí, el anticilón, que ya se sabe...
-Buenoo, qué me vas a decir..
-Sí...
-Bueno...pues que si eso pos ya...hale, adiós.
-Hala, lo mismo digo.
Por otro lado tenemos su consulta, su madriguera. La verdad es que, por mucho que se esfuercen, son desagradables las mires como las mires. Las pintan de colores claros, unas plantitas por ahí, unas revistitas de cotilleo por allá, un hilo musical en el que suena aquella alegre tonadilla de “Mi jacaaaaaa...” (palabrita de Caban que sonaba, palabrita), pero na, desagradables a más no poder. Francamente, yo creo que es por el olor. Y es que nada más entrar, te invade un tufo a prótesis empastil (que viene seguida del pensamiento “¿joder, y eso me va a poner en la boca?”) que tira de espaldas, acompañado de una leve humedad, lo que le da al conjunto un olor de plástico mojado compatible con la Pandilla Basura. Esto, junto a un intermitente sonido tipo fiiisssssssss provinente de la sala de torturas, hace que tu cerebro se ponga en modo Reagan y veas a todo el personal de la consulta como peligrosos bolcheviques. Total, que uno se sienta a esperar su turno deseando que tu nombre se haya borrado de la agenda de visitas, pero oooooh que erró, a los pocos momentos aparece la enfermera de turno soltando aquello de “Profesorr, ya puedes pasar”, frasecita adornada con una sonrisa profidén, que mi cerebro descodifica como un “mira que dientes tengo y no como tú, mamoncete, que tienes uno mirando pa Cuenca y las caries están haciendo prospecciones petrolíferas en tus muelas, bwhahaaha. Ah, y te vamos a sablear, tontolculo” Pero eso es porque mi cerebro es mu mal pensao, eh. Va a ser eso.
Sólo tumbarse en ese sillón reclinable marca Torquemada Industries, INC., uno ya sabe que lo va a pasar mal, que algo no funciona, que te van a dormir y te despertarás con un riñón menos, o sin....bueno, alégrate si es un riñón. Y entonces entra él. Y ya como acto reflejo, te tensas cual arco robinhoodero. Le saludas poniendo mirada corderodegollao, y poco a poco el fulano va colocando el instrumental delante tuyo, que lo vas viendo y uno tiene la tentación de decir que sí, que eres un espía americano infiltrao en la GESTAPO, pero que palabrita que no te vas a chivar de lo que has visto, palabrita del niño Jesú, que eso parece muy afilao. Entonces te mira la boca con ese espejito (que si hablase, lo que diría sobre las cosas que se pueden quedar entre los dientes, copón) y te dice que eres socio honorífico de Caries sin Fronteras, asín que toca anestesia. Y a partir de aquí, y como uno ya no tiene estómago para narrar las complejas operaciones que se van a producir, sólo reproduciré (si acaso, con una pequeña descripción y barra o diálogo en algunos; los otros, ya ni me atrevo, que luego me vienen con desmayos y quejas, que son quejicas, leñe) los sonidos que vienen una vez anestesiada la boquita:
-Garararararararararaararara ( o enjuague con el agüita tibia )
-SHGgggggggggggggGGGGgggggggabrxjjjjjjj ( o sonido succionador del chupa babas ese, también conocido como bocastropajo)
-Físs físs!...Físsssssssssssssssssssssssssssssñiuuuu ñiuuu ñiuuuuu....
-Crek crek crek crekcrekkk..crek crek crek....
*Aquí viene un “Uy, habrá que matar el nervio! ¡Oooh que erró!”*
*Ga madgue gue de padió (pensamiento mío, pero es que yo también pienso con la boca abierta, qué pasa)*
-Físssssssssss físssssssssssssssssssssssñiuuuuuuñiuñiu (bueno, que muchos ñius)
-Ris, ris, ris, ris, ris, ris...
-Ñiiiiiiiiiiiiiiiiiitocotocotocotocotocotocotocotocotocotoco....
*Aquí viene un “ Igual notas la sensación del taladro”*
*¿End seguio? No me haguía dago cuengta, mamóng*
-Ñi ñi ñi ñi ñi (no es Norman Bates no, es el atornillamiento...)
-Plof....plof... (ruido de empaste...¿Que no es realista? Y yo que sé cómo suena un puto empaste, oigan...)
-Fshhhhhhhhhhhhhh (ruido de sillón subiendo...)
-Garararararararaarararar (nuevo enjuague con el agüita, que inevitablemente te va a parar a la ropa)
Y por último y no por ello menos importante:
-Clínngg! (Sonido de máquina registradora modo open)
-Clink clink! (Sonido de la sableá que te han metido)
-..snif...(Alegría contenida al pagar. Muy contenida.)
En definitiva, enlazando con lo arriba dicho, es al salir de la consulta cuando la función socializadora del dentista alcanza su máxima expresión: estás deseando encontrarte con algún conocido para contarle tu visita, lo que te ha hecho y lo que te ha cobrao el muy mamón del dentista, y todo con el único objetivo de que la otra persona te de la razón como una posesa y paséis una agradable tarde poniéndolo a parir.
*Fin de la cinta*
Si alguno de ustedes tuviese la oportunidad de escribir una novela de horró y terró, ¿se han preguntado cuál sería el inicio de la misma, eing? Para algunos sería algo así como “La publicación de las notas de la oposición se retrasaba una y otra vez”; para otros, puede que fuese “La precipitación en forma de barro había dejado su recién adquirido coche hecho unos zorros”; incluso un “-Oye, ¿os sabéis el chiste de las ranas mamadoras?” funcionaría para algunas. Ejem. Lo cierto es que yo me debato entre“-¿Os sabéis el chiste de Batman y Robin?”, el legendario “Era de noche y sin embargo, llovía”, y éste:
“Meeeeeec!
-¿Sí?
-Hola, yo venía por lo del empaste...”
Vaya por delante porque corre más que yo, que a servidor no le da una especial angustia ir al dentista (bueno, al pagar sí bwhahahah). Pero, al igual que a la inmensa mayoría de los mortales (excepto aquéllos a los que les gusta untarse el cuerpo con miel y empezar a dar golpecitos a una colmena repleta de abejas asesinas con ganas de hacer honor a su nombre) no le hace una especial ilusión. Se han vertido ríos y ríos de tinta sobre la función socializadora de los dentistas. Lamentablemente, eran de tinta invisible. Pero lo cierto es que la existencia de tal función es indudable, contribuyendo a ampliar nuestro abanico de relaciones sociales con conversaciones de nivel tales como:
-Pues esta tarde voy al dentista.
-¡Hostias, el dentista! Uf, no veas la angustia angustiosa que me entra cuando tengo que ir...
-Pues ya te digo, angustia totá. Ahí cuando empieza a hurgarte...
-Uy calla calla callaaaaaaaaaa!...Calla.
-Ya...Bueno, pues nada.
-Sí... ¿Empieza a hacer calor, no?
-Parece que aprieta, sí.
-Sí, el anticilón, que ya se sabe...
-Buenoo, qué me vas a decir..
-Sí...
-Bueno...pues que si eso pos ya...hale, adiós.
-Hala, lo mismo digo.
Por otro lado tenemos su consulta, su madriguera. La verdad es que, por mucho que se esfuercen, son desagradables las mires como las mires. Las pintan de colores claros, unas plantitas por ahí, unas revistitas de cotilleo por allá, un hilo musical en el que suena aquella alegre tonadilla de “Mi jacaaaaaa...” (palabrita de Caban que sonaba, palabrita), pero na, desagradables a más no poder. Francamente, yo creo que es por el olor. Y es que nada más entrar, te invade un tufo a prótesis empastil (que viene seguida del pensamiento “¿joder, y eso me va a poner en la boca?”) que tira de espaldas, acompañado de una leve humedad, lo que le da al conjunto un olor de plástico mojado compatible con la Pandilla Basura. Esto, junto a un intermitente sonido tipo fiiisssssssss provinente de la sala de torturas, hace que tu cerebro se ponga en modo Reagan y veas a todo el personal de la consulta como peligrosos bolcheviques. Total, que uno se sienta a esperar su turno deseando que tu nombre se haya borrado de la agenda de visitas, pero oooooh que erró, a los pocos momentos aparece la enfermera de turno soltando aquello de “Profesorr, ya puedes pasar”, frasecita adornada con una sonrisa profidén, que mi cerebro descodifica como un “mira que dientes tengo y no como tú, mamoncete, que tienes uno mirando pa Cuenca y las caries están haciendo prospecciones petrolíferas en tus muelas, bwhahaaha. Ah, y te vamos a sablear, tontolculo” Pero eso es porque mi cerebro es mu mal pensao, eh. Va a ser eso.
Sólo tumbarse en ese sillón reclinable marca Torquemada Industries, INC., uno ya sabe que lo va a pasar mal, que algo no funciona, que te van a dormir y te despertarás con un riñón menos, o sin....bueno, alégrate si es un riñón. Y entonces entra él. Y ya como acto reflejo, te tensas cual arco robinhoodero. Le saludas poniendo mirada corderodegollao, y poco a poco el fulano va colocando el instrumental delante tuyo, que lo vas viendo y uno tiene la tentación de decir que sí, que eres un espía americano infiltrao en la GESTAPO, pero que palabrita que no te vas a chivar de lo que has visto, palabrita del niño Jesú, que eso parece muy afilao. Entonces te mira la boca con ese espejito (que si hablase, lo que diría sobre las cosas que se pueden quedar entre los dientes, copón) y te dice que eres socio honorífico de Caries sin Fronteras, asín que toca anestesia. Y a partir de aquí, y como uno ya no tiene estómago para narrar las complejas operaciones que se van a producir, sólo reproduciré (si acaso, con una pequeña descripción y barra o diálogo en algunos; los otros, ya ni me atrevo, que luego me vienen con desmayos y quejas, que son quejicas, leñe) los sonidos que vienen una vez anestesiada la boquita:
-Garararararararararaararara ( o enjuague con el agüita tibia )
-SHGgggggggggggggGGGGgggggggabrxjjjjjjj ( o sonido succionador del chupa babas ese, también conocido como bocastropajo)
-Físs físs!...Físsssssssssssssssssssssssssssssñiuuuu ñiuuu ñiuuuuu....
-Crek crek crek crekcrekkk..crek crek crek....
*Aquí viene un “Uy, habrá que matar el nervio! ¡Oooh que erró!”*
*Ga madgue gue de padió (pensamiento mío, pero es que yo también pienso con la boca abierta, qué pasa)*
-Físssssssssss físssssssssssssssssssssssñiuuuuuuñiuñiu (bueno, que muchos ñius)
-Ris, ris, ris, ris, ris, ris...
-Ñiiiiiiiiiiiiiiiiiitocotocotocotocotocotocotocotocotocotoco....
*Aquí viene un “ Igual notas la sensación del taladro”*
*¿End seguio? No me haguía dago cuengta, mamóng*
-Ñi ñi ñi ñi ñi (no es Norman Bates no, es el atornillamiento...)
-Plof....plof... (ruido de empaste...¿Que no es realista? Y yo que sé cómo suena un puto empaste, oigan...)
-Fshhhhhhhhhhhhhh (ruido de sillón subiendo...)
-Garararararararaarararar (nuevo enjuague con el agüita, que inevitablemente te va a parar a la ropa)
Y por último y no por ello menos importante:
-Clínngg! (Sonido de máquina registradora modo open)
-Clink clink! (Sonido de la sableá que te han metido)
-..snif...(Alegría contenida al pagar. Muy contenida.)
En definitiva, enlazando con lo arriba dicho, es al salir de la consulta cuando la función socializadora del dentista alcanza su máxima expresión: estás deseando encontrarte con algún conocido para contarle tu visita, lo que te ha hecho y lo que te ha cobrao el muy mamón del dentista, y todo con el único objetivo de que la otra persona te de la razón como una posesa y paséis una agradable tarde poniéndolo a parir.
*Fin de la cinta*