sábado, noviembre 05, 2005
ADIVINA, ADIVINANZA...
*Ha llegado su turno. Se levanta despacio, observando al resto. Todo el círculo lo mira. Carraspea. Un gargajo. Se lo traga. Vuelve a mirarlos. Abre la boca. La vuelve a cerrar. Duda. Alguien baja la mirada. No, no puede rendirse ahora. Tiene que dar el paso. Aprieta los puños. Inspira fuerte. Suena un pedo. Abre la boca. Y habla.
Hola, soy el profe...y me gusta la política.
Hooooooolaaaaaaaaa proooooooofeeeeeeeeeee... *
El Universo, aparte de puntitos blancos, se compone de intrincados misterios que apenas conocemos. Por ejemplo, el bar de la Facultad de Derecho. Pronto aprendes (o te lo dicen) que estás ante el único bar que tiene Facultad. Efectivamente, ya un invisible campo magnético, ya el irrefrenable instinto animal de huir del fuego y del derecho administrativo (no necesariamente en este orden) congrega a cientos de estudiantes, baraja española en mano, en sus mesas, barra, terracita y alrededores. Y apuesto mi foso de los engendros a que este misterioso fenómeno se repite, a modo de constante universal, en el resto de Facultades de Derecho de este país que no se dice este país, que se dice...eh...bueno, pongan lo que quieran.
No pensaba hablar del Estatut. Qué cojones, no pienso hablar. No del contenido, al menos. Más que nada porque el bombardeo de noticias que se ha producido al respecto ha hecho de éste un tema cargante. Bueno, no tan cargante como el sistema de búsqueda del Teletexto (que, junto a su vanguardista diseño basado en "cuantos más colores fosforito, mejor", los parpadeantes anuncios de tarot en vivo y, en general, su irresistible atractivo hacen de él un servicio público que tendría que estar recogido en cualquier declaración de derechos humanos que se precie). Pero la otra noche, mientras me dirigía a la cama a eso de la una y media de la madrugada tras finalizar el debate sobre la toma en consideración del proyecto de reforma del Estatut y mi cerebro (o una neurona vestida en pijama con su gorrito y su borla) me gritaba un "¡Tío, te has quedado viendo casi todo el debate! ¡Busca ayuda!¡Y córtate el pelo!" me acordé del bar de la Facultad.
Estoy convencido de que Marianín Rajoy ha visitado el bar de la Facultad de Derecho de la Universidad de Santiago de Compostela. Ey, no es ningún delito. Ya he dicho que ningún estudiante puede resistirse a la llamada de la selva que produce, ya en forma de cigarrito, ya en forma de cortado, ya en forma de par de tetas de la que te quieres ligar hablándole del corrupto sistema capitalista y las desigualdades de clases. Lo que ya es más complicado es que tanto él, como Acebes (alias el palmero mayor y azote de los miserables, pero sin descartar ninguna posibilidad) como el resto de los futuros miembros de la ejecutiva del PP estuvieran en el bar de sus respectivas facultades el mismo día y a la misma hora saltándose la misma clase de Derecho Constitucional I. Porque que el presidente del Partido Popular, ese que sube a la tribuna del Congreso y dice que ¡ESPAÑA! se desmorona por esta loca loca aventura catalana , que esta reforma es inconstitucional y ni un minuto en comentarla que tengo poco tiempo y aun tengo que abrirme la bragueta, colocar mis cojones encima de la mesa ya que el maricón de Zapatero no se atreve y demostrar como los demócratas de toda la vida arreglamos las cosas a este lado del Missisipi (siempre desde el respeto eh, utilizando la milenaria técnica "con respeto, usted es un cabronazo, dicho sea con todos los respetos") y sus mariachis se gasten 500.000 euros en una campaña cuyo eslogan es "Si nos quieren cambiar la Constitución, tenemos derecho a dar nuestra opinión" y se les llene la boca con plinc! la expresión mágica de que esto es "una reforma encubierta de la Constitución", sólo puede deberse a dos alternativas. Adivina, adivinanza.
Sé lo que están pensando. Yo tampoco recuerdo si he disparado todas las balas o aún me queda una en la recám...ehhh, me he equivocado de peli. No, no voy a darles una clase magistral de derecho constitucional, así que dejen las maletas en el suelo. ¡Que las dejen, coño! Ah, el estilo Tejero, nunca falla Bwhahahaahaha. Como el profe les tiene en tan buena estima que no dudaría en cortarles un miembro y dárselo al mejor de sus engendros, les hará dos preguntas y ustedes hagan lo que quieran, que están suspendidos igualmente. Porque teniendo en cuenta que:
1-La Constitución es la norma suprema de eso que se llama el ordenamiento jurídico y que vendría a ser el folleto de instrucciones que trae el Juego de la Oca.
2- La Constitución prevé su propio mecanismo de reforma.
3- Las leyes se sitúan jerárquicamente por debajo de la Constitución.
4- Una norma jerárquicamente inferior no puede modificar a una superior. Los señores con gafas llaman a esto principio de jerarquía normativa.
5- Los Estatutos de Autonomía tienen rango de ley.
Atención, Super Coco pregunta:
En consecuencia, ¿puede una ley reformar la Constitución?
Si ha respondido no, adivinen, ¿cómo se justifica entonces el argumento del PP?: a) No tienen ni puta idea de derecho; b) Se creen que somos gilipollas; e) A un taxista de Madrid oyente de la COPE no le vengas con masónicas jerarquías normativas; d) tanto a) como b) como c) son correctas ; e) Ninguna de las anteriores son correctas, estas preguntas son propias de un terrorista y Alejandro Agag es mi ídolo, me mola mil.
Y ya de paso me hacen un dibujo libre sobre la poligamia y la balcanización. Asín tó junto.
*Ha llegado su turno. Se levanta despacio, observando al resto. Todo el círculo lo mira. Carraspea. Un gargajo. Se lo traga. Vuelve a mirarlos. Abre la boca. La vuelve a cerrar. Duda. Alguien baja la mirada. No, no puede rendirse ahora. Tiene que dar el paso. Aprieta los puños. Inspira fuerte. Suena un pedo. Abre la boca. Y habla.
Hola, soy el profe...y me gusta la política.
Hooooooolaaaaaaaaa proooooooofeeeeeeeeeee... *
El Universo, aparte de puntitos blancos, se compone de intrincados misterios que apenas conocemos. Por ejemplo, el bar de la Facultad de Derecho. Pronto aprendes (o te lo dicen) que estás ante el único bar que tiene Facultad. Efectivamente, ya un invisible campo magnético, ya el irrefrenable instinto animal de huir del fuego y del derecho administrativo (no necesariamente en este orden) congrega a cientos de estudiantes, baraja española en mano, en sus mesas, barra, terracita y alrededores. Y apuesto mi foso de los engendros a que este misterioso fenómeno se repite, a modo de constante universal, en el resto de Facultades de Derecho de este país que no se dice este país, que se dice...eh...bueno, pongan lo que quieran.
No pensaba hablar del Estatut. Qué cojones, no pienso hablar. No del contenido, al menos. Más que nada porque el bombardeo de noticias que se ha producido al respecto ha hecho de éste un tema cargante. Bueno, no tan cargante como el sistema de búsqueda del Teletexto (que, junto a su vanguardista diseño basado en "cuantos más colores fosforito, mejor", los parpadeantes anuncios de tarot en vivo y, en general, su irresistible atractivo hacen de él un servicio público que tendría que estar recogido en cualquier declaración de derechos humanos que se precie). Pero la otra noche, mientras me dirigía a la cama a eso de la una y media de la madrugada tras finalizar el debate sobre la toma en consideración del proyecto de reforma del Estatut y mi cerebro (o una neurona vestida en pijama con su gorrito y su borla) me gritaba un "¡Tío, te has quedado viendo casi todo el debate! ¡Busca ayuda!¡Y córtate el pelo!" me acordé del bar de la Facultad.
Estoy convencido de que Marianín Rajoy ha visitado el bar de la Facultad de Derecho de la Universidad de Santiago de Compostela. Ey, no es ningún delito. Ya he dicho que ningún estudiante puede resistirse a la llamada de la selva que produce, ya en forma de cigarrito, ya en forma de cortado, ya en forma de par de tetas de la que te quieres ligar hablándole del corrupto sistema capitalista y las desigualdades de clases. Lo que ya es más complicado es que tanto él, como Acebes (alias el palmero mayor y azote de los miserables, pero sin descartar ninguna posibilidad) como el resto de los futuros miembros de la ejecutiva del PP estuvieran en el bar de sus respectivas facultades el mismo día y a la misma hora saltándose la misma clase de Derecho Constitucional I. Porque que el presidente del Partido Popular, ese que sube a la tribuna del Congreso y dice que ¡ESPAÑA! se desmorona por esta loca loca aventura catalana , que esta reforma es inconstitucional y ni un minuto en comentarla que tengo poco tiempo y aun tengo que abrirme la bragueta, colocar mis cojones encima de la mesa ya que el maricón de Zapatero no se atreve y demostrar como los demócratas de toda la vida arreglamos las cosas a este lado del Missisipi (siempre desde el respeto eh, utilizando la milenaria técnica "con respeto, usted es un cabronazo, dicho sea con todos los respetos") y sus mariachis se gasten 500.000 euros en una campaña cuyo eslogan es "Si nos quieren cambiar la Constitución, tenemos derecho a dar nuestra opinión" y se les llene la boca con plinc! la expresión mágica de que esto es "una reforma encubierta de la Constitución", sólo puede deberse a dos alternativas. Adivina, adivinanza.
Sé lo que están pensando. Yo tampoco recuerdo si he disparado todas las balas o aún me queda una en la recám...ehhh, me he equivocado de peli. No, no voy a darles una clase magistral de derecho constitucional, así que dejen las maletas en el suelo. ¡Que las dejen, coño! Ah, el estilo Tejero, nunca falla Bwhahahaahaha. Como el profe les tiene en tan buena estima que no dudaría en cortarles un miembro y dárselo al mejor de sus engendros, les hará dos preguntas y ustedes hagan lo que quieran, que están suspendidos igualmente. Porque teniendo en cuenta que:
1-La Constitución es la norma suprema de eso que se llama el ordenamiento jurídico y que vendría a ser el folleto de instrucciones que trae el Juego de la Oca.
2- La Constitución prevé su propio mecanismo de reforma.
3- Las leyes se sitúan jerárquicamente por debajo de la Constitución.
4- Una norma jerárquicamente inferior no puede modificar a una superior. Los señores con gafas llaman a esto principio de jerarquía normativa.
5- Los Estatutos de Autonomía tienen rango de ley.
Atención, Super Coco pregunta:
En consecuencia, ¿puede una ley reformar la Constitución?
Si ha respondido no, adivinen, ¿cómo se justifica entonces el argumento del PP?: a) No tienen ni puta idea de derecho; b) Se creen que somos gilipollas; e) A un taxista de Madrid oyente de la COPE no le vengas con masónicas jerarquías normativas; d) tanto a) como b) como c) son correctas ; e) Ninguna de las anteriores son correctas, estas preguntas son propias de un terrorista y Alejandro Agag es mi ídolo, me mola mil.
Y ya de paso me hacen un dibujo libre sobre la poligamia y la balcanización. Asín tó junto.

La sabiduría hecha jeto.
Esta reforma, tal y como está planteada, no me apasiona. Pero es abrir la boca uno del PP y francamente, me entran ganas de hacerme socio del club de talifans del Estatut, copón...